Antonio Lauro es genio y nobleza según sus discípulos

Antonio Lauro es genio y nobleza según sus discípulos

Quince guitarristas rememoran al maestro, cuyo centenario de nacimiento se conmemorará el próximo 3 de agosto.

Por ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.
Tomado de El Universal

 

Todo un gentilhombre, maestro, caballero y genio. Los guitarristas venezolanos lo definen de ese modo y todos, de alguna forma, le harán su homenaje el próximo 3 de agosto, fecha en la cual se conmemore el centenario del músico guayanés Antonio Lauro.

Natalia, María Luisa, El Niño, Carora, Yacambú, Seis por Derecho, La Negra, Sonata, el Concierto para Guitarra y Orquesta, la Suite Venezolana, la Pavana al estilo de los vihuelistas y muchas obras más conforman el extraordinario legado que dejó Lauro para la posteridad, amén de haber sido el primer autor académico venezolano en figurar en los programas de estudio para guitarra en el mundo. Incluso, su obra está dentro del baremo que mide si un guitarrista es o no virtuoso, en términos de concursos internacionales.

A una nutrida representación de guitarristas se les consultó sobre Lauro para que definieran con una palabra al maestro, a sabiendas de lo difícil que es condensar en un solo concepto a alguien de su talla: Genio y nobleza ganaron casi por unanimidad. Sin embargo, también lo valoraron desde lo espiritual, con “amor” y “excelencia”; desde su don de gente con “caballero” y “carisma”. Desde lo musical, con “contrapunto” y “maestro”; y, por supuesto, desde la dimensión más elevada, con “trascendencia”, “Venezuela” y “universal”.

Herederos del maestro

Leopoldo Igarza, Luis Zea, Rafael Benatar, Bartolomé Díaz, Marina Parilli y Rafael Suárez fueron alumnos directos de Antonio Lauro.

Igarza estudió composición con Lauro prácticamente hasta su muerte. Incluso, culminó una obra para trío de guitarras, Maricela, que el autor había dejado inconclusa cuando falleció el 18 de abril de 1986.

“Su influencia en mi ha sido altísima, por su música bitonal, sus estudios contrapuntísticos, su ser multifacético. Su nobleza fue un aspecto que me marcó: yo tengo varios alumnos a los que no les cobro, Lauro no me cobró nunca en el tiempo que fui su alumno. Su obra es lo más importante que hay, no solo en el sentido de la calidad, sino que en el tiempo se va a valorar más”, comentó.

(Leopoldo Igarza)

Por su parte, Luis Zea se ha dedicado también a divulgar la obra de Lauro, bien a través de sus cátedras del instrumento y, sobre todo, con importantes artículos publicados en revistas especializadas como la inglesa Classical Guitar, y en talleres de interpretación de su obra.
Zea asevera que “el maestro insistía en la necesidad de tener una visión artística a través de la imaginación, la intuición, el refinamiento del oído y, especialmente, un vínculo espiritual con la obra. Muchas veces le oí exclamar: ‘hay que aprender a decir las cosas en su momento. El discurso musical cobra sentido si el ritmo está claro’”.

 (Luis Zea)

Sobre ello también coincide Rafael Benatar, quien destaca en Lauro su “genuina vocación de pedagogo. Te dejaba aprender, sin complicaciones. Exigía claridad y te guiaba”.

(Rafael Benatar)

Y esa huella la refrenda Bartolomé Díaz, cuando asegura que Lauro fue “mi principal role model de vida y de vocación. Es la muestra fehaciente del valor de la tradición y de la historia de la composición para la guitarra condensada en un solo creador”.

(Bartolomé Díaz)

La guitarrista Marina Parilli también fue alumna directa de Lauro, y para ella fue “determinante, tanto en el conocimiento de la expresión e interpretación del repertorio universal de la guitarra como de la música venezolana”; y subraya “lo generoso y afectuoso que era el maestro”, en particular cuando él la acogió en su cátedra: “cuando le pedí un cupo para estudiar con él, me dijo que no tenía espacio, salvo que fuera en el momento de su comida; que si a mi no me importaba, lo compartía dándome clases mientras él almorzaba”.

 (Marina Parilli)

José Gregorio Guánchez también fue discípulo directo de Lauro. Graduado en 1983, advierte que “la influencia del maestro en mi carrera ha sido bastante fuerte, es evidencia de ello que interpreto el 90% de su música compuesta para la guitarra, incluyendo su Concierto para Guitarra y Orquesta. Como maestro, su propia  obra exige del intérprete una serie de habilidades técnicas e interpretativas que se adquieren con la ejecución de las mismas. Insistía en el uso adecuado del rubato, como recurso expresivo para la interpretación”.

(José Gregorio Guánchez)

Esa entrega pedagógica la comparte Rafael Suárez, quien trabajó bajo la orientación de Lauro en un programa nacional para la enseñanza en las cátedras de guitarra del país.

“Lauro gozaba de una solvencia importante como ejecutante. Su orientación a la norma interpretativa, al descifrado de las obras para su dominio musical y técnico lo lleva a uno a definir el criterio plasmado en la partitura y, por ende, a una buena interpretación”, refiere el maestro Suárez.

(Rafael Suárez)

Los “nietos” musicales

Guitarristas como Aquiles Báez (Simón Viana), Carlos Miguel Omaña (José Gregorio Guánchez), Richard Arellano (L. Igarza), Antonio Briceño (Ignacio Ornés, Daniel Marchán y Luis Zea), Julio Medina (L. Igarza) y José Luis Lara (L. Igarza) deben su modo de tocar al linaje de Lauro heredado por sus discípulos directos, señalados entre paréntesis.

Báez, ejecutante y compositor, conocido por sus trabajos con la Movida Acústica Urbana y como impulsor de nuevos talentos, se siente “un humilde heredero de su legado”, de lo cual se siente orgulloso, porque el maestro “es un eslabón fundamental en la música hecha en Venezuela. Lauro es mucho más avanzado que mucha de la música que se hace en la actualidad”.

 (Aquiles Báez)

Omaña comenta cómo la música de Lauro “te abre una visión armónica, rítmica y melódica de cómo estos tres elementos van separados, pero se complementan entre sí para formar un todo”.

(Carlos Miguel Omaña)

En cuanto a Arellano, “tuve la dicha de ganar dos veces el concurso que llevaba su nombre en la época de los 90, organizado por el extinto Conac. Sus dos vertienes, tonal y politonal, han marcado el camino estético musical en nuevas generaciones de compositores para guitarra”, manifiesta.

 (Richard Arellano Páez)

Para Briceño, “la influencia de Lauro en mi actividad como intérprete viene unida a ver como un ejemplo motivador su carrera y su vida”.

(Antonio Briceño)

Medina resalta cómo el haber escuchado la obra de Lauro por su principal intérprete, Alirio Díaz, “fue mi primera motivación para estudiar guitarra. Por medio de sus composiciones he obtenido conocimientos de armonía, formas tradicionales e interpretación de diferentes géneros de nuestra música”.

 

 (Julio Medina)

Mientras que para Lara fue Lauro “la mayor fuente de inspiración y orgullo como venezolano. Cuando se fundó el Festival Internacional de Guitarra de Angostura, decidimos que siempre sería en homenaje permanente a él, y ya van 19 años dedicándole este evento que comencé en Ciudad Bolívar, en 1998. Aprendí a tocar guitarra con su música y como compositor ha sido una guía única”.

(José Luis Lara)

Infinitas influencias

Muchos otros músicos han sido, y siguen siendo, inspirados por Lauro, aunque no hayan estudiado con él.

Carlos Reyes, creador de la técnica del plectrodedo y formado por Jorge Benzaquén y Lorenzo Camejo, quienes tampoco fueron discípulos de Lauro, aduce que  “sí hubo referencias directas del maestro en el aprendizaje de mis maestros, incluso en otras materias como la composición. Su influencia más directa sobre mi fue a nivel creativo: la obra del maestro Lauro representó mis primeras luces del cómo debe sonar la guitarra desde un sentido sinfónico”.

Del mismo modo, el luthier Aquiles Torres -quien aclara “no soy intérprete de la guitarra, más allá de lo estrictamente básico que me permite examinar el resultado de mi trabajo”- señala que la influencia de Lauro en su trabajo ha sido determinante “porque siempre ha sido una referencia como figura trascendente en el mundo de la música”.

 (Aquiles Torres)

Finalmente, el concertista de cuatro Rolando Navarro asevera que la obra de Lauro “forma parte de nuestro imaginario colectivo, de nuestra esencia como venezolanos. Aunque mi instrumento es el cuatro, las ideas musicales que surgen son guitarrísticas y le deben mucho a él”.

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