El Triunfo de la Música / por Zoran Vranjican

Jacob Collier: ganador de dos Grammys por el disco “In my room”. Tiene 22 años y grabó las dos piezas que le otorgaron los grammys desde su habitación en el Reino Unido. Ha saltado a la fama y reconocimiento a través de sus videos en Youtube.


¿Cuanto espacio ocupa la música en nuestras vidas? Desde que nuestra alarma (que probablemente ya dejó de ser un reloj hace muchos años) suena estamos sometidos a escuchar música. No importa si es una simple canción, tono de celular, soundtrack de cine, video viral en Facebook, no tomamos consciencia del verdadero alcance y el triunfo que ha tenido la música en nuestras vidas.

Desde siglos pasados la práctica musical ha tenido un lugar importante para nuestro desarrollo humano: los músicos eran parte del “staff” de cortes, reyes, aristocracia y poseían lugares fijos de trabajo. Las cortes reales tenían sus compositores oficiales. Reyes, condes, etc, encargaban sus propias producciones e incluso eran, generalmente, asesorados directamente por músicos que han pasado a la historia (Haydn, muchos miembros de la prolífica familia Bach) por que la práctica musical fue y sigue siendo probablemente una parte fundamental del desarrollo humano.

Recordemos que en esos años para escuchar música había que tocarla, o tener propias orquestas o músicos encargados de deleitar a la realeza.


“Hoy todo ha cambiado: un músico puede gozar de aún más fama que la misma realeza, puede tener un poder mediático comparado al de un político, y capacidad económica equiparable a grandes empresas”.


Sin embargo no había tal triunfo para la música: los compositores de la corte, si bien gozaban de fama y admiración, no eran más que sirvientes contratados para cumplir funciones. La música tenía que deleitar a sus mecenas, y la independencia artística se veía limitada por la simple situación de sirviente-patrón que había entre el artista y la realeza.

Hoy todo ha cambiado: un músico puede gozar de aún más fama que la misma realeza, puede tener un poder mediático comparado al de un político, y capacidad económica equiparable a grandes empresas. ¿Qué ha cambiado para que la música haya triunfado?

El ritmo de vida. Se ha creado una industria musical, se han creado espacios de consumo masivos que requieren creación de nuevo material permanentemente: en el cine, la radio, la tecnología, que ha sido una de las principales gestoras de este triunfo. Por que para el último videojuego se requiere una gigante producción de audio que contempla música original, contempla un movimiento enorme económico y artístico que incluye a compositores, intérpretes, sonidistas, y un sinfín de pegas entremedio de todas ellas que dan resultados cada vez más impresionantes. Cada día las apuestas se doblan: las bandas sonoras son aún más increíbles, las producciones son más caras y más ambiciosas. Sin embargo hay algo que no termina de triunfar, es más, tiende a decaer: la calidad del contenido.

La música es parte de una industria que mueve mucha economía, y si bien las apuestas se doblan cada vez más en términos de producción, la creatividad de los artistas ha decaído enormemente y con ellos los estándares musicales. El público es cada día menos crítico y exigente consigo mismo y proclive al consumo de material absolutamente basura. No importa si hay millones detrás de una producción, esto no tiene incidencia en la calidad del producto. Una canción de Silvio Rodríguez que es austeramente acompañada con una sola guitarra puede tener el poder que mil músicos tocando una música insípida, preprogramada y carente de creatividad, no tiene. Esta inundación musical lastimosamente no ha venido de la mano de una explosión de creatividad y calidad.

Pareciera que el mercado conduce más a su público al contenido fácil. Les estamos haciendo la pega al no ser exigentes, al dejar que entre en nuestras vidas cualquier música basura y fácil. Hagamos de este triunfo uno real, exijamos calidad por sobre cantidad.

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